Somos alumnos del Instituto Don Bosco de la ciudad de San Nicolás, provincia de Buenos Aires, República Argentina.
viernes, 18 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
Artículo de WikiLeaks
¡ Lean este artículo es muy interesante!
Lo he dicho varias veces, y se me ha calificado, por esto, de ingenuo, soñador y paranoico, todo esto junto, sin sonrojo y en público. Pero cada semana pasa algo que confirma esas predicciones. Bueno, no, no son predicciones. Es un hecho: el mundo ha cambiado y para sobrevivir hay que evolucionar para adaptarse a las circunstancias.
El momento se parece en muchos aspectos a febrero de 1455, cuando Gutenberg completa su obra maestra, la Biblia en 42 líneas. Será el principio del fin de la Edad Media y durante los siguientes 500 años todo se alterará. Fundamentalmente habrá un colosal cambio en el balance de poder. Nacerán desde el periodismo hasta las naciones y la democracia tal como la entendemos hoy.
Tal será el poder del libro para las masas, la página impresa a escala industrial, el efecto de liberar el acceso a la información, que el invento de Gutenberg nos conducirá de la sanguijuela a la tomografía computada, de la superstición a las vacunas y el Hubble.
Hoy nos encontramos en un instante de la historia muy parecido. La inmensa diferencia con la Edad Media Tardía, la imprenta de tipos móviles y el inicio del Renacimiento es que ahora lo vivimos día a día. No es un instante para nosotros, no es un párrafo en un libro de historia. Es nuestra propia existencia, y por eso nos cuesta tanto aceptar que el mundo en el que nacimos y muchas de las reglas según las cuales seguimos viviendo, a veces con enternecedora inocencia, han desaparecido.
No obstante, y quizá porque la historia no se repite, la sociedad está elaborando y adaptándose con bastante suavidad a los actuales cambios tectónicos. La hoguera ha sido reemplazada, en el peor de los casos, por la multa, la prisión o la amenaza de prisión (el caso del criptógrafo Phil Zimmermann, que en 1993 estuvo a punto de enfrentar 4 años en una celda, es emblemático; En general, los oficios tradicionales se han acomodado a las nuevas reglas con bastante rapidez. A veces, con tranquila resignación. Otras, con legítimo entusiasmo, como es el caso del periodismo, que después de una breve etapa de duda y desconcierto ha descubierto que la nueva realidad no lo cancela, sino que lo potencia y lo mejora.
En todos los casos, el poder se está redistribuyendo y, bien o mal, todos son conscientes de esto. Tal vez no pueden expresarlo claramente, pero lo perciben, tanto el que ha perdido una cuota de poder como el que la ha ganado.
Con una excepción: la clase política.
Una de las principales y más valiosas hijas de Gutenberg, la clase política, seguía sintiéndose inmune al cambio paradigmático que se ha producido en la civilización desde la aparición de la computadora personal e Internet. Como mucho, se hablaba de la campaña presidencial de Barack Obama como de una maniobra exótica. Nada, tonterías, cosas de hackers.
Hasta el 28 de noviembre de 2010.
Los 250.000 cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks -y que están siendo analizados y publicados por los cinco diarios a quienes la organización facilitó la información- le han comunicado a la clase política, de forma insoslayable, que el cambio global los incluye.
Poder es saber que podés
En mi opinión no es posible vivir en un mundo sin secretos. Es más: no son los secretos los que están en la picota ahora.
De la misma forma que el sueño de Gutenberg era simplemente ganar dinero con un invento al que le veía futuro (y vaya si lo tuvo, aunque él murió en la miseria), el proyecto de transparencia total de Julian Assange y WikiLeaks es una meta inalcanzable. Y es lo de menos. Ni el verdadero legado del libro fue la opulencia de la industria editorial ni el de WikiLeaks será la transparencia absoluta. Su mensaje, pienso, es otro.
A pesar de lo que se cree, ni el anonimato, ni la privacidad, ni el secreto han desaparecido por culpa de Internet. Que conserves cierto control sobre tus datos depende en esencia de cuánto sepas de computación e Internet.
Esta es la desagradable, incómoda verdad que desde hace casi 30 años muchas personas, muchos oficios y muchos grupos se resisten a aceptar. Ahora le toca el turno a un conjunto de políticos y funcionarios que se sentían más allá de este problema. Sentían, como le ocurrió a muchos otros en las últimas tres décadas, que no vendrían por ellos, que su poder estaba intacto.
Es obvio que no.
Las lecciones del futuro
El lector habrá recorrido docenas de páginas de medulosos y mayormente inteligentes análisis de las causas, las consecuencias y hasta el estatus legal de la operación de WikiLeaks. No añadiré más sobre el particular. De hecho, y como he conversado con muchos colegas aquí en el diario, es difícil todavía fundamentar casi cualquier opinión sobre las filtraciones. Sinceramente, además, creo que las opiniones no cuentan para nada en este caso. Es como decir: "Ese huracán me parece completamente ilegal". Lo de WikiLeaks iba a pasar, más tarde o más temprano, no porque alguien lo decidió, sino porque el mundo es otro.
La noticia no es qué se decía en los cables diplomáticos, sino que la potencia más poderosa del mundo (y técnicamente más avanzada) haya sido incapaz de proteger no un cable hurtado al pasar, sino cientos de miles de comunicaciones diplomáticas. Este es el síntoma. De hecho hay poco de nuevo en la información liberada. La novedad impactante es el feroz corrimiento en el espectro de poder.
Más aún. ¿Fue acaso una potencia extranjera con computadoras valuadas en cientos de millones de dólares y súper hackers la que entró en las embajadas y sustrajo todo?
No. Según él mismo ha confesado, fue un simple soldado disidente, resentido, enojado o todo eso junto, aunque con conocimiento informático. Convencido, al parecer, de que no le ocurriría nada, no se ocupó de cubrir sus huellas. Podría haberlo hecho.
Pero fue, en suma, el factor humano. Esto muestra con desoladora solvencia la falsa sensación de seguridad, de "vivir en el mismo mundo de hace 30 años" que se percibía hasta el 28 de noviembre en la clase política.
Créame, los secretos seguirán. En mi opinión, el problema nunca fueron los secretos (sí, en cambio, la transparencia), sino el que muchos funcionarios y políticos se sintieran muy por encima del resto de nosotros y no, como se supone, al servicio de la sociedad. Prueba de esto es que las herramientas para cuidarse de que tales filtraciones son hoy más abundantes, más baratas, más seguras y más universales que hace 30 años. Pero, simplemente, no las usaron.
Empezarán a hacerlo a partir de ahora, pero esto no es lo importante. Lo que importa, en mi opinión, es la lección de humildad y el baño de realidad. La política, la diplomacia y el cumplir una función de servidor público también deben actualizarse, ser 2.0, admitir que el mundo es otro, que ya no disfrutan de la misma cuota de poder, y que -todo indica- eso es mejor para todos.
Ya pasó antes. Está ocurriendo de nuevo. Cuando el costo del acceso a la información se desplomó con la llegada del libro para las masas, el poder se redistribuyó. Vivíamos en una sociedad de analfabetos, con una economía para analfabetos, un comercio para analfabetos y una cultura para analfabetos. Con los siglos surgió el mundo que conocemos hoy. No tengo ni la más mínima duda de que es un mundo mejor y más justo que el de la Edad Media.
Ahora se desplomaron los costos del poder de cómputo y del broadcasting, dos bastiones de poder clásicamente impenetrables, y para peor toda la información, que durante siglos se preservó en papel, cinta magnética, acetato, piedra o metal, ahora es sólo una cadena de unos y ceros circulando por cables y ondas electromagnéticas.
Si tenemos un minuto para reflexionar (en lugar de convocar, como he leído en estos días, de nuevo, al fantasma de la pena de muerte) sería bueno que imagináramos cómo sería un mundo donde el individuo común, el hombre de la calle, al que alguna vez se le negó voz y voto, ahora tiene una cuota de poder mayor. ¿Cómo es ese mundo? ¿Acaso es peor? ¿O, por el contrario, es un mundo mejor? ¿No hay deudas por saldar todavía? ¿No hay flagelos como el hambre, el trabajo infantil, el racismo? ¿Es posible pensar (llámeme soñador, no hay problema) que quizás esta nueva realidad de un poder más equitativamente distribuido nos conduzca a solucionar a largo plazo esas aberraciones?
No lo sé. Ojalá lo supiera con certeza.
Pero mi impresión es que todo futuro es mejor.
Si desean leerlo completo aca les paso el link http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1330156
Lo he dicho varias veces, y se me ha calificado, por esto, de ingenuo, soñador y paranoico, todo esto junto, sin sonrojo y en público. Pero cada semana pasa algo que confirma esas predicciones. Bueno, no, no son predicciones. Es un hecho: el mundo ha cambiado y para sobrevivir hay que evolucionar para adaptarse a las circunstancias.
El momento se parece en muchos aspectos a febrero de 1455, cuando Gutenberg completa su obra maestra, la Biblia en 42 líneas. Será el principio del fin de la Edad Media y durante los siguientes 500 años todo se alterará. Fundamentalmente habrá un colosal cambio en el balance de poder. Nacerán desde el periodismo hasta las naciones y la democracia tal como la entendemos hoy.
Tal será el poder del libro para las masas, la página impresa a escala industrial, el efecto de liberar el acceso a la información, que el invento de Gutenberg nos conducirá de la sanguijuela a la tomografía computada, de la superstición a las vacunas y el Hubble.
Hoy nos encontramos en un instante de la historia muy parecido. La inmensa diferencia con la Edad Media Tardía, la imprenta de tipos móviles y el inicio del Renacimiento es que ahora lo vivimos día a día. No es un instante para nosotros, no es un párrafo en un libro de historia. Es nuestra propia existencia, y por eso nos cuesta tanto aceptar que el mundo en el que nacimos y muchas de las reglas según las cuales seguimos viviendo, a veces con enternecedora inocencia, han desaparecido.
No obstante, y quizá porque la historia no se repite, la sociedad está elaborando y adaptándose con bastante suavidad a los actuales cambios tectónicos. La hoguera ha sido reemplazada, en el peor de los casos, por la multa, la prisión o la amenaza de prisión (el caso del criptógrafo Phil Zimmermann, que en 1993 estuvo a punto de enfrentar 4 años en una celda, es emblemático; En general, los oficios tradicionales se han acomodado a las nuevas reglas con bastante rapidez. A veces, con tranquila resignación. Otras, con legítimo entusiasmo, como es el caso del periodismo, que después de una breve etapa de duda y desconcierto ha descubierto que la nueva realidad no lo cancela, sino que lo potencia y lo mejora.
En todos los casos, el poder se está redistribuyendo y, bien o mal, todos son conscientes de esto. Tal vez no pueden expresarlo claramente, pero lo perciben, tanto el que ha perdido una cuota de poder como el que la ha ganado.
Con una excepción: la clase política.
Una de las principales y más valiosas hijas de Gutenberg, la clase política, seguía sintiéndose inmune al cambio paradigmático que se ha producido en la civilización desde la aparición de la computadora personal e Internet. Como mucho, se hablaba de la campaña presidencial de Barack Obama como de una maniobra exótica. Nada, tonterías, cosas de hackers.
Hasta el 28 de noviembre de 2010.
Los 250.000 cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks -y que están siendo analizados y publicados por los cinco diarios a quienes la organización facilitó la información- le han comunicado a la clase política, de forma insoslayable, que el cambio global los incluye.
Poder es saber que podés
En mi opinión no es posible vivir en un mundo sin secretos. Es más: no son los secretos los que están en la picota ahora.
De la misma forma que el sueño de Gutenberg era simplemente ganar dinero con un invento al que le veía futuro (y vaya si lo tuvo, aunque él murió en la miseria), el proyecto de transparencia total de Julian Assange y WikiLeaks es una meta inalcanzable. Y es lo de menos. Ni el verdadero legado del libro fue la opulencia de la industria editorial ni el de WikiLeaks será la transparencia absoluta. Su mensaje, pienso, es otro.
A pesar de lo que se cree, ni el anonimato, ni la privacidad, ni el secreto han desaparecido por culpa de Internet. Que conserves cierto control sobre tus datos depende en esencia de cuánto sepas de computación e Internet.
Esta es la desagradable, incómoda verdad que desde hace casi 30 años muchas personas, muchos oficios y muchos grupos se resisten a aceptar. Ahora le toca el turno a un conjunto de políticos y funcionarios que se sentían más allá de este problema. Sentían, como le ocurrió a muchos otros en las últimas tres décadas, que no vendrían por ellos, que su poder estaba intacto.
Es obvio que no.
Las lecciones del futuro
El lector habrá recorrido docenas de páginas de medulosos y mayormente inteligentes análisis de las causas, las consecuencias y hasta el estatus legal de la operación de WikiLeaks. No añadiré más sobre el particular. De hecho, y como he conversado con muchos colegas aquí en el diario, es difícil todavía fundamentar casi cualquier opinión sobre las filtraciones. Sinceramente, además, creo que las opiniones no cuentan para nada en este caso. Es como decir: "Ese huracán me parece completamente ilegal". Lo de WikiLeaks iba a pasar, más tarde o más temprano, no porque alguien lo decidió, sino porque el mundo es otro.
La noticia no es qué se decía en los cables diplomáticos, sino que la potencia más poderosa del mundo (y técnicamente más avanzada) haya sido incapaz de proteger no un cable hurtado al pasar, sino cientos de miles de comunicaciones diplomáticas. Este es el síntoma. De hecho hay poco de nuevo en la información liberada. La novedad impactante es el feroz corrimiento en el espectro de poder.
Más aún. ¿Fue acaso una potencia extranjera con computadoras valuadas en cientos de millones de dólares y súper hackers la que entró en las embajadas y sustrajo todo?
No. Según él mismo ha confesado, fue un simple soldado disidente, resentido, enojado o todo eso junto, aunque con conocimiento informático. Convencido, al parecer, de que no le ocurriría nada, no se ocupó de cubrir sus huellas. Podría haberlo hecho.
Pero fue, en suma, el factor humano. Esto muestra con desoladora solvencia la falsa sensación de seguridad, de "vivir en el mismo mundo de hace 30 años" que se percibía hasta el 28 de noviembre en la clase política.
Créame, los secretos seguirán. En mi opinión, el problema nunca fueron los secretos (sí, en cambio, la transparencia), sino el que muchos funcionarios y políticos se sintieran muy por encima del resto de nosotros y no, como se supone, al servicio de la sociedad. Prueba de esto es que las herramientas para cuidarse de que tales filtraciones son hoy más abundantes, más baratas, más seguras y más universales que hace 30 años. Pero, simplemente, no las usaron.
Empezarán a hacerlo a partir de ahora, pero esto no es lo importante. Lo que importa, en mi opinión, es la lección de humildad y el baño de realidad. La política, la diplomacia y el cumplir una función de servidor público también deben actualizarse, ser 2.0, admitir que el mundo es otro, que ya no disfrutan de la misma cuota de poder, y que -todo indica- eso es mejor para todos.
Ya pasó antes. Está ocurriendo de nuevo. Cuando el costo del acceso a la información se desplomó con la llegada del libro para las masas, el poder se redistribuyó. Vivíamos en una sociedad de analfabetos, con una economía para analfabetos, un comercio para analfabetos y una cultura para analfabetos. Con los siglos surgió el mundo que conocemos hoy. No tengo ni la más mínima duda de que es un mundo mejor y más justo que el de la Edad Media.
Ahora se desplomaron los costos del poder de cómputo y del broadcasting, dos bastiones de poder clásicamente impenetrables, y para peor toda la información, que durante siglos se preservó en papel, cinta magnética, acetato, piedra o metal, ahora es sólo una cadena de unos y ceros circulando por cables y ondas electromagnéticas.
Si tenemos un minuto para reflexionar (en lugar de convocar, como he leído en estos días, de nuevo, al fantasma de la pena de muerte) sería bueno que imagináramos cómo sería un mundo donde el individuo común, el hombre de la calle, al que alguna vez se le negó voz y voto, ahora tiene una cuota de poder mayor. ¿Cómo es ese mundo? ¿Acaso es peor? ¿O, por el contrario, es un mundo mejor? ¿No hay deudas por saldar todavía? ¿No hay flagelos como el hambre, el trabajo infantil, el racismo? ¿Es posible pensar (llámeme soñador, no hay problema) que quizás esta nueva realidad de un poder más equitativamente distribuido nos conduzca a solucionar a largo plazo esas aberraciones?
No lo sé. Ojalá lo supiera con certeza.
Pero mi impresión es que todo futuro es mejor.
Si desean leerlo completo aca les paso el link http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1330156
Adicción a la marihuana
Adicción a la marihuana:
La marihuana es una mezcla verde o gris de flores secas cortadas en trocitos de la planta Cannabis sativa. Comúnmente se fuma como un cigarrillo o utilizando una pipa. En los últimos tiempos se ha elaborado cigarrillos en los que se ha reemplazado el tabaco por marihuana, muchas veces combinada con otra droga como el crack. Algunos también mezclan la marihuana con alimentos o la usan para hacer té.
El principal ingrediente activo en la marihuana es el THC (delta-9-tetrahydrocanabinol). En 1988 se descubrió que las membranas de ciertas células nerviosas contenían receptores de proteína que se ligaban al THC. Una vez fijo en su lugar, el THC desencadena una serie de reacciones celulares que, a la larga, producen el estímulo que sienten los usuarios al fumar la marihuana. Los consecuencias del uso de la marihuana incluyen problemas con la memoria y el aprendizaje, una visión distorsionada, dificultad para pensar y resolver problemas, pérdida de la coordinación y un aumento en el ritmo cardíaco, ansiedad y ataques de pánico.
Los científicos han descubierto que las sensaciones positivas o negativas experimentadas por un individuo después de fumar marihuana, están directamente relacionadas con la genética.
El principal ingrediente activo en la marihuana es el THC (delta-9-tetrahydrocanabinol). En 1988 se descubrió que las membranas de ciertas células nerviosas contenían receptores de proteína que se ligaban al THC. Una vez fijo en su lugar, el THC desencadena una serie de reacciones celulares que, a la larga, producen el estímulo que sienten los usuarios al fumar la marihuana. Los consecuencias del uso de la marihuana incluyen problemas con la memoria y el aprendizaje, una visión distorsionada, dificultad para pensar y resolver problemas, pérdida de la coordinación y un aumento en el ritmo cardíaco, ansiedad y ataques de pánico.
Los científicos han descubierto que las sensaciones positivas o negativas experimentadas por un individuo después de fumar marihuana, están directamente relacionadas con la genética.
Adicción al chocolate

La verdad es que hay muchas personas que declaran tener adicción al chocolate y necesitan tomarlo cada día sin dudar tener que ir a buscar más si se han quedado sin nada. Normalmente sienten predilección por el chocolate negro, lo más puro posible.
¿Qué aporta el chocolate que puede hacernos sentir mejor?
-Sensación de relajación y felicidad: una de las principales causas de que la gente crea que tienen adicción al chocolate es precisamente esa sensación de bienestar que sienten al comerlo.Las responsables parecen ser una serie de nutrientes que aporta el chocolate:Triptofano (aminoácido que regula la Serotonina u hormona del bienestar)Feniletilamina (sustancia del grupo de las endorfinas que mejora el estado de ánimo)Anandamina (sustancia que también puede hacernos sentir tranquilos y contentos)
-Alivia el síndrome premenstrual: algunas mujeres se sienten mejor de los síntomas del Síndrome premenstrual cuando toman chocolate. La posible explicación no es que tengan adicción al chocolate sino que el gran aporte de Magnesio del choclate mejora esos síntomas (irritación desánimo, etc)
-Riqueza en antioxidantes: su aporte de polifenoles es el responsable de un efecto antioxidante que podría ser de gran ayuda en problemas cardiovasculares.
-Es un estimulante natural: el chocolate aporta gran cantidad de Teobromina que es un gran estimulante de sistema nervioso central. Al igual que el café nos dará energía cuando notemos un "bajón" de energía física o mental.
-Efecto saciante: las grasas e hidratos de carbono nos hacen tener una sensación de rápida satisfacción y saciedad...aunque sea brevemente.
-Sensación de relajación y felicidad: una de las principales causas de que la gente crea que tienen adicción al chocolate es precisamente esa sensación de bienestar que sienten al comerlo.Las responsables parecen ser una serie de nutrientes que aporta el chocolate:Triptofano (aminoácido que regula la Serotonina u hormona del bienestar)Feniletilamina (sustancia del grupo de las endorfinas que mejora el estado de ánimo)Anandamina (sustancia que también puede hacernos sentir tranquilos y contentos)
-Alivia el síndrome premenstrual: algunas mujeres se sienten mejor de los síntomas del Síndrome premenstrual cuando toman chocolate. La posible explicación no es que tengan adicción al chocolate sino que el gran aporte de Magnesio del choclate mejora esos síntomas (irritación desánimo, etc)
-Riqueza en antioxidantes: su aporte de polifenoles es el responsable de un efecto antioxidante que podría ser de gran ayuda en problemas cardiovasculares.
-Es un estimulante natural: el chocolate aporta gran cantidad de Teobromina que es un gran estimulante de sistema nervioso central. Al igual que el café nos dará energía cuando notemos un "bajón" de energía física o mental.
-Efecto saciante: las grasas e hidratos de carbono nos hacen tener una sensación de rápida satisfacción y saciedad...aunque sea brevemente.
Adicción al trabajo
Adicción al trabajo:
Un fenómeno cada vez más común en la sociedad moderna es la adicción al trabajo. En inglés se ha acuñado el término workaholic para referirse a este padecimiento, y el origen de esta palabra está relacionado con alcoholic (alcoholismo) utilizada así por Wayne Oates con el fin de acentuar el concepto de enfermedad.
No hay una definición médica aceptada de manera general para definir esta condición, aunque algunas formas de estrés y desordenes obsesivos compulsivos pueden ser relacionados con el trabajo. Aunque el término workaholic tiene usualmente una connotación negativa, es utilizado algunas veces por personas que quieren expresar su devoción por su trabajo en términos positivos. El trabajo en cuestión es normalmente asociado con un empleo, pero también puede referirse a otras actividades independientes como los deportes, la música, el arte, e incluso el trabajo en blogs.
Un adicto al trabajo en el sentido negativo es popularmente caracterizado por relaciones familiares y sociales muy pobres o inexistentes.
Un fenómeno cada vez más común en la sociedad moderna es la adicción al trabajo. En inglés se ha acuñado el término workaholic para referirse a este padecimiento, y el origen de esta palabra está relacionado con alcoholic (alcoholismo) utilizada así por Wayne Oates con el fin de acentuar el concepto de enfermedad.No hay una definición médica aceptada de manera general para definir esta condición, aunque algunas formas de estrés y desordenes obsesivos compulsivos pueden ser relacionados con el trabajo. Aunque el término workaholic tiene usualmente una connotación negativa, es utilizado algunas veces por personas que quieren expresar su devoción por su trabajo en términos positivos. El trabajo en cuestión es normalmente asociado con un empleo, pero también puede referirse a otras actividades independientes como los deportes, la música, el arte, e incluso el trabajo en blogs.
Un adicto al trabajo en el sentido negativo es popularmente caracterizado por relaciones familiares y sociales muy pobres o inexistentes.
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